domingo, julio 27, 2008

Capítulo 1. El punto de partida

Aquí le dejo la parte 1 de la nueva versión del capítulo 1. Espero les guste más que su antecesora.

Parte 1. Frutos extraños

Cinco años atrás.

Los primeros rayos del sol comienzan a pasar por entre las ramas de los árboles. Son tan frondosos que es poca la luz que alcanza al suelo, mostrando una visión tenue del camino. Entre los árboles ya hace un camino de tierra y piedras talladas, donde la silueta de una persona comienza a aparecer. Robusto, con ropas gastadas al igual que su rostro vivido y lleno de experiencia. El hombre avanza a paso lento por el camino, llevando consigo varias herramientas pesadas de minería y un saco grande que lleva el producto de su trabajo vespertino. La luz, que cada vez es más intensa, revela su apariencia conforme sale del bosque.

Conforme los árboles comienzan a escasear, separándose unos de otros a la salida del bosque, uno de ellos a lo lejos llama la atención del minero. Al acercarse nota con mayor claridad el porque le había parecido raro. Un joven ya hace dormido entre las ramas.

El minero deja sus cosas en el suelo con la excusa de descansar, pero en realidad tiene otros motivos.

- Oye – dice el minero en tono fuerte pero sin gritar, pero el joven no reacciona, por lo que regresa a donde dejó sus herramientas y toma un martillo de gran tamaño de un peso de unos veinte kilogramos aproximadamente, entonces se prepara para golpear la base del árbol. Primero lo golpea suavemente, provocando la caída de algunas hojas pero el joven permanece dormido. El minero voltea a verlo y una ligera sonrisa aparece en su rostro y se prepara nuevamente para golpear al árbol. El segundo impacto provoca una gran sacudida en todo el árbol provocando que el joven al fin despierte pero que también pierda el equilibrio, pero alcanza a sujetarse antes de caer desconcertado por no saber que ocurría, y justo cuando miró hacía abajo, el minero esta por dar un tercer golpe a la base de árbol, con mucho más fuerza que los dos primeros golpes, provocando que todo el árbol se estremezca y que el joven caiga. Al caer se golpea contra varias ramas algo gruesas que amortiguan su caída con un poco de dolor en cada impacto. Ya en suelo este trata de incorporarse pero sus golpes lo dificultan y termina sentándose justo donde cayó. El minero se acerca y le tiende la mano para ayudarlo.

- ¿Primero intentas matarme y ahora me ayudas? – dice el joven.

El minero lo observa sin decir una palabra; toma sus cosas pocos segundos después para seguir en camino que llevaba, que se dirige a un pequeño poblado que se ve a la distancia.

- Al menos podrías disculparte – dice el joven al minero que poco a poco se aleja de él.

Sin darse tiempo para reponerse de los golpes de la caída, el joven se levanta y sigue los pasos del minero, tratando de alcanzarlo pues este le lleva ya varias decenas de metros de distancia. Al alcanzarlo, siguió detrás del minero por unos cuantos metros.

- Disculpe, ¿podría ayudarme? – dice el joven, pero el minero sigue caminando como si ignorase sus palabras – No se donde me encuentro y la verdad tengo mucha hambre, quizá si usted necesita algún ayudante, yo podría ayudarlo, o alguna otra persona que conozca del pueblo.

El minero se detiene. El joven se detiene igual detrás del minero, ansioso pues parece que al fin le responderá.

- Sígueme – dice el minero – Pero no digas ni una sola palabra más hasta que te lo diga.

Los dos continúan juntos el resto del camino hasta llegar al pueblo. Justo antes de entrar, el joven se percata de un letrero con la palabra “Goloro”.

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