domingo, agosto 24, 2008

Cap. 1. Parte 3. La casa del minero

La siguiente mañana.

En un pequeño cuarto ya hace el joven, acostado sobre una con un soporte de metal. La cama parece un poco incomoda, pero el joven dice lo contrario al estar ya un día acostado ahí.

La esposa del minero entra al cuarto, sin hacer ruido avanza hacia las ventanas y abre las cortinas. El cuarto cobra vida con la luz que entra por la ventana. La dama se retira de la habitación tratando de no molestar el sueño del joven.

No pasa mucho para que la luz interrumpa el sueño del joven, provocando que comience a despertar. Toma asiento sobre la orilla de la cama y entonces mira a su alrededor tratando de ver donde se encontraba. Sus pertenencias ya hacen sobre una pequeña mesa que esta cerca de la cama. Un pequeño armario se encuentra unido a la pared contraria, frente al joven y junto a la ventana, y un poco más a la derecha, la puerta que da acceso a la habitación.

El joven se levanta, toma sus cosas y se viste. Camina hacia el armario, curioso de que pueda haber dentro pero al abrirlo no encuentra nada. El joven voltea y observa por la ventana, tratando de acostumbrar la mirada a su nuevo “hogar”. Finalmente camina hacia la puerta para salir de la habitación. Al salir se topa con un pequeño pasillo, con las paredes llenas de cuadros del minero, su esposa y demás gente desconocida para el pero no para ellos. Unas cuantas armas viejas, e incluso rotas, de varios tipos se encuentran entre los cuadros, despertando la curiosidad del joven.

Justo a su derecha esta otra puerta, al abrirla y entrar, el joven llega a la cocina. Todo se encuentra limpio y en orden. Dos hornos de diferente tamaño se encuentran al extremo derecho, junto a estos un pequeño espacio y luego un lavabo enorme. Una serie de gabinetes y estantes ya hace por encima de todo. Al final de la fila, un extraño equipo de refrigeración se destaca por su apariencia metálica. Al frente de todo lo anterior, una pequeña mesa negra cuadrada da soporte a algunos utensilios, y a un lado de esta, justo a la izquierda del joven, se encuentra una puerta sin perilla, la cual solo requiere empujarse para abrirse.

Antes de que el joven pudiera cruzar la puerta, la esposa del minero entra a la cocina y ambos se encuentran.

- Buenos días – dice la dama de la casa – Mi nombre es Ana, ¿puedo saber el tuyo?

- Buenos días – responde el joven – Soy Ark, muchas gracias por permitir que me aloje con ustedes, les prometo que no los decepcionaré.

- No veo la manera de cómo suceda eso, no pareces ese tipo de muchacho – dice la señora Ana – Por cierto, mi esposo te espera en el taller, encontrarás un poco de comida ahí mismo; no pensé que no nos fueras a acompañar en el desayuno. El golpe debió ser algo serio.

Ark movió su mano al lugar donde recibió el golpe, un leve dolor terminó de despertarlo.

- Al otro lado de esta puerta encontrarás el comedor, solo sigue derecho y llegarás al taller – dice la señora.

- Gracias.

Ark cruza la puerta y se encuentra con un comedor de madera tallado bellamente con incontables detalles. La luz que entra por la ventana le da la iluminación que necesita. Realmente Ark no le presta mucha importancia y sigue caminando hasta toparse con una puerta angosta. Al entrar llega al taller. El minero se percata de Ark.

- El que tengas una herida no significa que puedas levantarte a la hora que quieras – dice el minero – Así que a partir de hoy estarás despierto todas las mañanas a las seis de la mañana.

Ark asiente, preocupado un poco por saber si esta sería siempre la actitud del minero.

- Mi nombre es Radda muchacho, de hoy en adelante tendrás la oportunidad de aprender muchas cosas, algunas importantes, otras no tanto, pero será un camino difícil y dependerá de ti solamente mantenerte en el.

La mirada de Ark cambia, mostrándose más interesado por el desafío. Después de unos minutos Ark se integra a las labores de Radda, siguiendo las instrucciones de su nuevo maestro.

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