sábado, agosto 02, 2008

Hogar dulce hogar

Van dos ocasiones que he tenido la oportunidad de vivir fuera de mi hogar de origen, de la casa de mis padres, donde la mayoría pasa los primeros años de la vida.

Como todo, la primera vez es una experiencia algo mala, aunque creo que también depende de la situación, pues si llevas la "emoción" de hacerlo no tienes tanto problema. Yo no llevaba esa "emoción", y los primeros tres días que estuve fuera se volvieron un pequeño infierno, en parte por el largo horario laboral (8am - 12am, 16 horas).

La verdad, vivir fuera es parecido a conseguir tu propia casa por primera vez; la diferencia reside en que es temporal, y esto deja en tu mente la idea de que vas a regresar, y si la vida se complica, mas aumenta el deseo de regresar.

Sin embargo, te acostumbras. Se hace tan común después que incluso comienzas a pensar en vivir en otro lugar, otro estado del país, otro país cercano o incluso hasta el otro lado de la tierra. Yo lo pienso.

Hay una ventaja que ya tengo ante la situación, y es que ya se con que voy a contar y con que no. Por lo que puedo prepararme con tiempo para cubrir cualquier necesidad y evitar una estancia que cause después el arrepentimiento.

Uno de los principales problemas es la comida. Todo aquello que solías disfrutar, y a lo que estas acostumbrado se acaba parcial o totalmente, y debes acostumbrarte a nuevos sabores e incluso el hambre misma. Yo pasé por los dos, aunque nada serio. Por esto mismo he tratado de imponerme poco a poco la idea de aprender a cocinar ya que, conociendome, ignoro donde iré a estar la proxima vez que viva fuera, y cuanto tiempo viva ahí. Puedan pasar muchas cosas.

Esto último, me acaba de dar una idea...

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