Un día antes de que abandonáramos la ciudad en ruinas, las cosas se complicarón. La gran cantidad de lluvia formó lagos de arenas movedizas que cubrían todo el norte, sur y esté de la ciudad, por lo que la única ruta de escape era por el oeste.
Tomamos esa ruta pero no erá la mejor. Todo el camino era zona montañosa y el camino estaba formado por piedras tan filosas como cuchillas.
Ya no eramos tres los viajeros. Un gran número de habitantes formó una caravana en la cual nos integramos por seguridad. Todo fué bien los primeros días.
No recuerdo exactamente cuando o porque sucedió, pero un día perdí el conocimiento.
Recuerdo despertar por momentos y ser atendido por algunas mujeres, después volvía a caer inconciente. Soñaba mucho en ese estado, y uno de esos sueños aun lo recuerdo a la perfección. La ví a ella. Aun estaba con vida, pero su vida no era más fácil que la mía.
Vi algunos lugares dentro de los sueños y tengo la rara sensación de que debo buscar esos lugares para dar con ellos.
Pregunté a la gente del grupo si conocían algún lugar y al parecer nos dirigiamos a uno de ellos: la cascada roja.
Hoy estoy completamente recuperado de mi enfermedad, pero mi ausencia parece haber sido eterna, ya que de las 57 personas que iniciaron el viaje, solo 32 seguiamos con vida. Jonatan y Gray aun me acompañaban, aunque en realidad, acompañaban a dos jovencitas de su edad. Ver como las protegen me dibuja una sonrisa en el rostro y me da fuerzas para seguir luchando.
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