No lo crees hasta verlo con tus propios ojos. Rodeamos una serie de montañas, y en la última de ellas, justo al girar, una enorme pared de roca ya hacia en frente. Ves la cima a lo lejos, borrosa por la altura y por las nubes que chocan con ella.
El asombro aun no termina pues a la distancia se ven una lineas rojas, que hacen más anchas mientras bajan. Ríos de lava caen como cascadas desde la cima. Una vista hermosa que causaba un temor en lo profundo.
Esa noche permanecerá en mi cabeza toda la vida. Acampamos bajando la montaña, cerca de un gran precipicio que separaba las montañas de la gran pared. Por la mañana el grupo se separó en dos, ya que otros llevaban un camino diferente.
Nosotros, avanzamos hacia las cascadas de fuego. Por rumores, por curiosidad, por muchas cosas más pero que al final no lograba entender.
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